Hay viajes sobre los cuales tienes un sentimiento extraño desde el primer momento, algo que no puedes explicar y que tampoco quieres creer. Este fue el caso de nuestra breve visita a Estambul, la cual se convirtió en una sucesión de cancelaciones.

Es un destino al que teníamos muchas ganas de ir, y quiso la casualidad que un día mirando por mirar en Google Flights, encontrara unos vuelos con Pegasus, la aerolínea turca de bajo coste, por menos de 100 euros ida y vuelta.

Interior de Santa Sofía.

Primeras dudas

El viaje estaba planeado para la primera semana de febrero. Varias semanas antes ya habíamos empezado a oír hablar del maldito Coronavirus, aunque aún parecía algo que realmente no nos iba a tocar muy de cerca. Pero lo cierto es que a un poco de información que buscaras, se podía intuir ya la situación que estaba a punto de desencadenarse. Tal vez, andar cogiendo aviones y autobuses no era la mejor idea en esos momentos.

Tras un par de días pensándolo, decidimos ir de todas formas. En Turquía aún no había ningún caso confirmado y en Alemania había muy pocas personas. Tendríamos más cuidado de lo habitual, pero de momento esto no parecía ser el motivo que nos fuese a impedir coger un avión el jueves por la mañana.

Un pequeño incidente

Llega el miércoles y nos enteramos a última hora del día que acaba de ocurrir un accidente de la compañía Pegasus en el aeropuerto Sabiha Gókçen de Estambul. El mismo al que teníamos que volar en unas cuantas horas.

El accidente, debido a las malas condiciones meteorológicas, no fue nada para lo que pudo haber sido. Pero lo quieras o no, un incidente así siempre nos deja bastante mal cuerpo en cualquier circunstancia. Aun más si vas a coger un avión exactamente igual y al mismo aeropuerto medio día después.

Evidentemente, al día siguiente no volamos porque el aeropuerto es muy pequeño, la investigación y retiro de la aeronave de la pista lleva su tiempo. Pegasus nos ofrecía entonces cambiar los billetes o una devolución de su importe.

 Avión de Pegasus.

Siendo realistas, ¿cuál es la probabilidad de que dos accidentes de avión ocurran en días seguidos en el mismo lugar y con la misma compañía?. Además las condiciones meteorológicas para la hora estimada de aterrizaje eran completamente favorables.

Así que efectivamente, volamos un día más tarde y… ¡por fin llegamos Estambul!

Ahí no acaban las sorpresas

Tras pasar la tarde del viernes, el sábado y el domingo, llega el lunes. Teníamos el vuelo programado para las 7 de la mañana, por lo que cogimos el transfer reservado en el hotel a las 4. En sólo una hora deberíamos estar en la terminal.

Medio dormidos, llegamos al aeropuerto y nos disponemos a buscar la información de nuestro vuelo en la pantalla, cuando perplejos vemos que ha sido cancelado. CANCELADO. Y no solo el nuestro, sino casi todos programados para las próximas horas.

Sin tener ni idea de por qué nos han cancelado nuestro vuelo y el de todo quisqui, nos dirigimos al mostrador de información de la aerolínea. Afortunadamente, había varios abiertos, por lo que el tiempo de espera fue mínimo y pudieron atendernos enseguida. Esto es lo primero que hay que hacer en caso de algún problema con tu vuelo.

La tormenta – huracán Sabine, estaba haciendo estragos (en esos momentos) en Centroeuropa, y concretamente dejando un nivel 2 de alerta en Alemania. La solución que nos daban era reubicarnos en un avión a la mañana siguiente. Por el momento teníamos que ir, con el resguardo del cambio de vuelo que nos habían entregado, al mostrador de hoteles y transfers de Pegasus, situado un piso más abajo.

Tras mucho rato esperando, imaginaos la cantidad de gente que se acumula en la zona de salidas de un aeropuerto en circunstancias así, llega nuestro turno. Nos asignan un hotel y nos informan de que tenemos derecho a un desayuno en el Burger King del aeropuerto, hasta que llegue el autobús a recogernos. Otra vez a esperar cola y a sentarse en el suelo, porque todas las mesas estaban ya a rebosar. No creo que a nadie que no haya estado de fiesta la noche anterior le apetezca meter algo así en el estomago a las 6 de la mañana, pero en esa situación y sin haber aún desayunado, unas patatas fritas saben a gloria.

Mezquita Azul desde Santa Sofía © Viajes casi perfectos

Tras algo menos de dos horas de espera, por fin vienen a recogernos para llevarnos al hotel. Un señor con un chaleco fluorescente que se limitaba a decir el nombre del hotel a viva voz y a hacer gestos con el brazo como si el mismísimo avión fuera a aterrizar allí en medio. Os podéis imaginar la escena.

Pasamos otra hora y media en el autobús, tiempo que yo aproveché para dormir, pensando que la compañía low cost nos iba a meter en un cuchitril. Esa era mi suposición, porque no tenía ni idea de cómo funcionan estas cosas. Afortunadamente era la primera vez que me veía con el vuelo de vuelta cancelado.

Una agradable sorpresa

El autobús finalmente se para y cuando abro los ojos veo un edificio blanco, con una entrada bonita y llena de flores. Perplejos, nos bajamos del autobús y al acercarnos a la entrada vemos escrito en una placa dorada: ***** Cevahir Hotel Istanbul Asia. Lo puedes ver aquí.

Al principio seguía un poco escéptica. Tal vez fuera uno de esos en su día hotelazos que han podido seguir renovando hasta hoy la categoría, pero que con el paso de los años no se han reformado. Y que están llenos de mobiliario oscuro y apagadas moquetas burdeos.

Entramos y fuimos formando entre todos una larga cola para realizar el check in. De momento solo recogían los pasaportes para, una vez teniéndolos todos, ir asignando las habitaciones. La espera fue de nuevo eterna, casi otras dos horas sentados en la recepción, pero por lo menos ya tranquilos de saber que podríamos descansar hasta el día siguiente que volviésemos a casa. Y esta vez no sentados en el suelo, sino en cómodos sofás de cuero negro.

Por fin podemos subir a la habitación, la cual es toda una sorpresa. Muy moderna, limpia, bien equipada, con un baño muy bonito separado por una cristalera, y con maravillosas vistas al mar. Sólo me arrepiento de no haber llevado el bañador en la maleta (todo un must cuando viajas primeros de febrero, ¡menudo despiste!), porque el hotel cuenta con piscina climatizada.

Habitación twin en el Cevahir Hotel Istanbul Asia.

Aunque teníamos la comida y la cena incluidas en el hotel, decidimos buscar en Google maps dónde estábamos exactamente, para poder aprovechar el día y sacar algo positivo de todo esto. Las circunstancias ahora nos habían devuelto el día que habíamos perdido a causa del accidente, permitiéndonos visitar lo que no nos había dado tiempo.

Estábamos a media hora en metro del centro de Üsküdar y a algo menos de 15 minutos a pie de la parada más próxima.

Paseo marítimo de Üsküdar.

Cuando llegamos de nuevo al hotel, fuimos directamente a cenar. El menú estaba cerrado y compuesto de un entrante, plato principal y postre, con todas las bebidas incluidas y una atención impecable.

Segundo intento de volver a casa

En el documento que el personal de la aerolínea nos había entregado en el aeropuerto, aparecían el nombre hotel y el régimen que estaba incluido. Pero también la hora en la que el transfer nos recogería para llevarnos de vuelta y poder coger por fin nuestro vuelo. En nuestro caso teníamos que hacer el check out y estar en la recepción con todo preparado a las 6 de la mañana.

Cual es mi sorpresa al ver que, unos minutos antes de subir al autobús, nos llega un mensaje de texto de Pegasus donde nos informan de que el vuelo ha sido cancelado…

Un poco confusos, nos subimos de nuevo al autobús. Evidentemente la opción más cómoda para nosotros hubiese sido volver a la habitación y esperar un día más, aquí paz y después gloria. Pero el sms dice que nos dirijamos de nuevo al mostrador de información en el aeropuerto. Además no hay nadie a quién podamos preguntar porque el autobús llega sólo con el conductor, no hay ninguna persona para informar o hacerse cargo del grupo.

Llegamos de nuevo al aeropuerto y repetimos todo el procedimiento del día anterior… Llega nuestro turno, y vemos que esa noche dormiremos en el ***** Hotel Ramada Plaza Istanbul Asia Airport. Lo puedes ver aquí..

Pero este vez no nos daban la comida rápida de desayuno, menuda decepción.

Hotel Ramada Plaza Istanbul Asia Airport.

Al poco tiempo de estar camino al hotel ya nos dimos cuenta de la primera diferencia. Estábamos entrando en una zona parecida a un polígono industrial, por lo que esta vez nos iba a ser muy complicado aprovechar el día y poder llegar a algún lugar de interés cercano.

Cuando llegamos al hotel, y volvemos a repetir el proceso de check-in del día anterior, pero esta vez más rápido porque sólo éramos un minibus. Tras recibir las llaves, nos estaba esperando un enorme buffet con todo lo típico en un desayuno turco. Mucho mejor que hamburguesa con patatas, ¿o no?

Subimos a la habitación, y nos conectamos al Wi-Fi para que Google Maps confirmara nuestra sospechas. Estábamos, efectivamente, dónde Cristo perdió la alpargata. No había absolutamente nada a nuestro alrededor, salvo naves industriales, la autopista y un pequeño supermercado donde pudimos gastar nuestras últimas liras y comprar dulces para que no decayesen los ánimos.

Pasamos todo el día en la habitación, exceptuando dos viajes al restaurante para comer y cenar. Esta vez el menú era un muy limitado buffet con un par de opciones de frituras y unas pequeñas albóndigas en salsa, típicas de Turquía. Lo mismo para la comida como para la cena.

¿Lo mejor que había en el hotel? Efectivamente, la piscina. Pero desafortunadamente la ropa interior seguía sin ser una opción.

Matando el tiempo como pudimos, finalmente llegó la hora de dormir, deseando que al día siguiente pudiésemos por fin volar con destino a Múnich. Y así fue, a la tercera va la vencida.

Santa Sofía. © Viajes casi perfectos

A todos nos gusta viajar, y muchos aborrecemos el pasar día tras día en casa sintiendo que la vida se nos escapa entre los dedos. Quedarte un par de noches más en alguna parte del mundo con todo pagado no suena tan mal en un principio… Pero resulta, que cuando quieres volver y no puedes, cuando te tienes que quedar por obligación, ya no es tan divertido.

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