Hace dos años, por motivos laborales sólo pudimos tener cinco días de vacaciones durante el verano. La mejor idea nos pareció buscar un destino cercano a Austria, al cual no fuese necesario llegar en avión.

Echando un vistazo a los países que nos rodean y a los precios de los billetes de tren, finalmente nos decidimos por Budapest. Es una ciudad de la que todo el mundo habla maravillas, y nosotros aún no habíamos tenido la oportunidad de ir. Y es que a veces, cuanto más cerca tienes las cosas, menos valor les das.

Vista de Budapest
Vista desde el Balneario Gellért en Budapest. ©2020 Viajes casi perfectos

A Budapest en tren

La empresa estatal de ferrocarril en Austria es ÖBB. Y como casi todo servicio público en el país, funciona muy bien. Rara vez ocurre algún problema o retraso importante, y los precios están muy bien para la calidad que ofrecen. Además, siempre tienen cierto número de tickets con descuento, por lo que un billete comprado con suficiente antelación (o si esos billetes con descuento no se han llegado a vender) puede ser adquirido a un precio realmente bajo.

Pero, al igual que ocurre en las webs de compra de billetes de tren de otros países, que ÖBB te venda el trayecto entero no quiere decir que ellos operen todo el viaje cuando vas a salir fuera del país.

Overbooking en el tren en Innsbruck
Tren de ÖBB en la estación de Innsbruck.

La duración total del viaje de Innsbruck a Budapest puede variar dependiendo del número de trasbordos que necesites hacer, según el horario o el precio que más te convenga. Nosotros decidimos pagar un poco más en este caso y hacer trasbordo sólo en Viena, para poder llegar a Budapest lo antes posible. La duración del trayecto es de unas 7 horas: 4 horas hasta Viena y algo menos de 3 horas hasta Budapest.

La reserva de asientos era posible sólo para la parte del viaje por territorio austriaco, algo que nos pareció ya un poco sospechoso.

A la ida todo fue bien

Tras pasar unos días en la capital húngara, llegó el día de volver a casa. El tren salía poco más tarde del mediodía por lo que llegaríamos a Innsbruck a última hora de la tarde.

Estábamos ya en el andén correspondiente de la estación de Budapest – Keleti unos 15 minutos antes de la salida del tren. Pero cuando subimos y nos pusimos a buscar un asiento, estaban todos prácticamente ocupados.

Estación tren Budapest - Keleti
Estación Budapest – Keleti.

Muy optimistas, nos recorrimos el tren en vano, porque entre personas, maletas y animales de compañía no había sitio ni para sentarse en el suelo. Y no exagero, porque algunos pasajeros estaban ya sentados en los espacios de entrada de cada vagón.

Al agobio que esta situación produce en condiciones normales, porque a nadie le gusta la idea de pasarse 3 horas de pie en un abarrotado, ruidoso y caluroso tren (menos aún cuando ese no es el tipo de experiencia que andabas buscando), tengo que decir que para mi la situación se agrava porque soy muy propensa al mareo en cualquier medio de transporte. Sí, debo de ser de las pocas personas en el mundo que se marean en un tren.

El tren salió de la estación y nosotros seguíamos sin tener un asiento. Se nos ocurrió la idea de ir a primera clase. Allí el tren estaba completamente vacío, pero la mala suerte quiso que tras medio minuto con las asentaderas pegadas en el cómodo asiento de cuero, saliera la revisora preguntando por los billetes.

Intentamos explicarle que el tren sufría un overbooking (como iba a percatarse ella misma dos minutos después), y toda una retahíla de argumentos para que se apiadara de nosotros. Pero no hubo manera. Aparentemente, prefieren tener a los pasajeros tirados en cualquier sitio, poniendo en riesgo su seguridad.

Además, como seguramente sabéis, el overbooking es una práctica completamente legal. Aunque es más habitual en aviones, también ocurre en trenes y barcos, e incluso en hoteles. La sobreventa de plazas se hace bajo la creencia de que no todos los pasajeros podrán finalmente realizar el viaje. Así se aseguran una muy alta probabilidad de no dejar plazas vacías, lo que conllevaría una pérdida económica.

Lo que ocurre es que a veces, el número de plazas vendidas es mucho mayor al número real disponible. Si este es el caso, y más pasajeros de los previstos toman dicho tren, avión o acuden al hotel, evidentemente no hay lugar para todos. En un tren puede no parecer muy grave, porque a pesar de la incomodidad puedes seguir viajando, pero en un avión o en un hotel ya es otro tema.

Overbooking en el tren a Budapest
Tren en el interior de la estación Budapest – Keleti.

Por fin pudimos sentarnos

Volviendo a nuestra experiencia, nos movimos una vez más por el tren y por fin encontramos dos asientos libres en el vagón restaurante. La gente se apretujaba en los bancos, ante la imposibilidad de encontrar otro lugar libre. Uno de los asientos iba en el sentido de la marcha y estaba justo en la esquina de una de las mesas, por lo que pude sentarme ahí con la mochila sobre las piernas e inclinarme sobre ella, intentando no molestar a nadie.

Y así es como pasé las casi tres horas siguientes. Sólo deseaba llegar a Viena para poder hacer el trasbordo, con la esperanza de que ÖBB no hubiese vendido tres veces más tickets que número de asientos tiene el tren.

Esto es lo que salió mal en nuestro corto viaje a Budapest. Ahora ya sabemos lo que ocurre cuando no te dan la opción de reservar el asiento

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